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La revisión de sus ojos por un oftalmólogo es esencial para diagnosticar enfermedades oculares que pueden aparecer a cualquier edad. En los niños es muy importante detectar a tiempo un defecto de graduación, un ojo vago o un estrabismo. En los adolescentes, la aparición de miopía asociada al crecimiento y al uso de móviles y tablets, es cada vez más frecuente. A partir de los 40 años aparece la vista cansada o presbicia, y es importante controlar la presión intraocular para descartar el glaucoma, enfermedad que con frecuencia no da síntomas y que puede producir una ceguera irreversible. En las personas mayores de 60 años la revisión ocular se dirige sobre todo al diagnóstico de una posible degeneración macular asociada a la edad (DMAE) o a la aparición de una catarata.

La catarata es la pérdida de transparencia del cristalino, la lente que hay dentro del ojo. No existe ningún tratamiento con medicamentos o colirios para prevenir o tratar la catarata. La única solución es la cirugía. La operación de la catarata consiste en la extracción del cristalino opacificado mediante ultrasonidos o láser, y la sustitución por un cristalino artificial o lente intraocular. En general se realiza sin ingreso hospitalario (de forma ambulatoria) y bajo anestesia tópica (sólo con gotas), aunque en ocasiones puede ser necesaria la anestesia local e incluso la general, dependiendo de las características del paciente y de la catarata. Aunque la cirugía de la catarata es una técnica muy segura, no está exenta de potenciales complicaciones, si bien la incidencia de estas es excepcional.

La cirugía de la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo con láser modifica la curvatura de la córnea para corregir el defecto de refracción. Se realiza habitualmente bajo anestesia tópica (solo con gotas). El objetivo es que el paciente pueda desarrollar las actividades cotidianas sin depender de gafas o lentillas, aunque el uso de estas puede ser aun necesario de forma muy puntual. Si bien la cirugía refractiva es una técnica de eficacia suficientemente contrastada en un gran número de pacientes operados, no está exenta de potenciales complicaciones, aunque con los nuevos láseres, la incidencia de estas complicaciones es cada vez más rara.

El estrabismo es la pérdida del paralelismo de los globos oculares, un ojo mira de frente y el otro desviado. Al estrabismo puede asociarse un defecto de graduación y, a veces, un ojo vago. Es fundamental tratar en primer lugar estos defectos asociados, antes de operar el estrabismo. El tratamiento quirúrgico consiste en debilitar el músculo más potente y reforzar el más débil. Según el tipo e intensidad de la desviación, se actuará sobre un ojo o los dos ojos. La corrección total de la desviación puede necesitar más de una intervención. La operación puede realizarse bajo anestesia local (jóvenes y adultos), o anestesia general (niños). La cirugía no evita el uso de gafas o lentes de contacto si eran necesarios, ni influye en la visión, por lo que la operación nunca se hace para mejorar la agudeza visual o prescindir de las gafas.

La incorporación de nuevas técnicas como la tomogafía de coherencia óptica de dominio espectral, nos permite realizar el diagnóstico precoz de las enfermedades de la retina e indicar al paciente la mejor opción para su control. Desde enfermedades retinianas hereditarias, como la enfermedad de Stargardt o la retinosis pigmentaria, hasta la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), pasando por el edema macular asociado a la diabetes o las obstrucciones venosas de la retina, los distintos tipos de maculopatía del paciente miope, y otras enfermedades retinianas menos frecuentes como las membranas que crecen sobre la retina, pueden diagnosticarse precozmente con las técnicas actuales, permitiendo el tratamiento en un estadio temprano.

Existen varias enfermedades del ojo que están relacionadas con un crecimiento anormal de vasos, como la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), o con un aumento de la permeabilidad de los mismos, como el edema de la mácula secundario a una oclusión venosa de la retina o a una retinopatía diabética. Sin tratamiento, estas enfermedades producen una pérdida severa y permanente de visión. El uso de medicamentos que se inyectan en el interior del ojo (intravítreos) es parte del tratamiento para estas enfermedades oculares. Puede ser necesario repetir el tratamiento en intervalos regulares (cada 4-6 semanas) y es posible que la visión no se recupere totalmente.

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